Los imperios criminales de la bella y peligrosa Sierra Nevada



Por Álvaro Cotes Córdoba

No hace falta conocer las estadísticas oficiales para determinar cuál es ahora el grupo criminal que domina a la Sierra Nevada de Santa Marta. Y es que lo ha sido siempre, incluso desde antes de que existiera, puesto que no había antes de su imperio un grupo criminal que tuviera el control total, incluso de las ciudades capitales en los tres departamentos que le sirven de base.

Ni siquiera lo fueron el ELN o el XIX Frente de las Farc, este último, el que la dominó por casi una década, aunque sus tentáculos nunca llegaron hasta las ciudades capitales de los tres territorios mencionados. 

Los que vivimos las dos épocas, conocimos que, por ejemplo, el dominio del grupo guerrillero, consistía en la extorsión y secuestro de los terratenientes, cuyas acciones delincuenciales también dejaron asesinatos y desplazamientos.

Era comandado por un tal Adán Izquierdo, después por un tal alias Julián Conrado. Sus salidas de la Sierra Nevada fueron motivadas, precisamente por la conformación de ejércitos privados, auspiciados por los dueños de tierras, cansados del sometimiento de ese grupo guerrillero en la Sierra Nevada.

Uno de esos ejércitos privados fue el que creó Hernán Giraldo y el cual, durante un largo periodo, se conoció con el nombre de Los Chamizos, el nombre que siempre se mencionaba, cada vez que había en Santa Marta uno, dos, tres y hasta cuatro muertos. 

Con la salida abrupta o violenta de la guerrilla, Los Chamizos obtuvieron un estatus más beligerante e imponente a nivel regional, lo cual fue óbice para que su fundador lo pusiera a la moda de las creaciones de autodefensas que se habían propagado por todo el país como la verdolaga. Ya no eran Los Chamizos, sino Resistencia Tayrona.

Es decir, en el papel eran unas autodefensas para defender el territorio de la guerrilla que ya había sido desplazada, pero que era necesario que continuaran con sus presencias allí, para garantizar que no volvieran y seguir protegiendo la apreciada Sierra.

Sin embargo, la guerrilla nunca más volvió y aquella autodefensa siguió delinquiendo, para auto financiarse, con marihuana o coca y por supuesto con las extorsiones que ellos denominaban vacunas, pero que era lo mismo que hizo por años, el grupo guerrillero que desplazaron de aquel cúmulo de montañas tan apetecido por los grupos criminales.

Hoy, el imponente macizo colombiano continúa dominado por un grupo criminal o un ejército privado que dice protegerla, ya no de una guerrilla desaparecida de allí hace más de 30 años, sino de los grupos criminales con sus mismas voracidades, sobre todo de uno en especial que ansía destronar el imperio del grupo actual.

Sus milenarios habitantes la llamaron de forma espiritual “el ombligo del mundo”, otros que nunca la habitaron, como el actual presidente de Colombia, más idealista y lírico, se refiere a ella como “el corazón del mundo” y yo, más realista y testigo de su trasegar conflictivo y violento, la considero como la montaña más bella y peligrosa a la vez del globo terráqueo, un concepto que se ve con frecuencia reflejado incluso en individualidades femeninas del bajo mundo: Bellas y Peligrosas.

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