La lesión de un episodio hipotético



Por Alvaro Andrés Cotes Córdoba 

Trump invitó un día a cinco presidentes de la derecha de Suramérica y Centroamérica y a uno solo de izquierda, para una conversación amena entre aliados y lo hizo para un experimento y ver la sinceridad de esos aliados, pero ninguno de ellos lo sabía.

Cuando conversaban alrededor de una piscina y disfrutaban de un jolgorio, Trump les preguntó qué apetecían, si wisky escocés, cerveza o un jugo de las mejores naranjas de Estados Unidos. Todos, a excepción del mandatario de izquierda, respondieron que el jugo de naranja.

El presidente de izquierda era nadie menos que Gustavo Petro, quien pidió un trago de whisky: “Para afinar la garganta que la tengo como sapo en tomatera”, justificó. Los otros presidentes tomaron la expresión de Petro como algo digno de un ordinario y se lo quedaron viendo como si hubiera cometido una falta de respeto hacia el anfitrión.

Pero cambiaron de actitud cuando Donald Trump soltó una sonora carcajada que asustó hasta a sus tres anillos de escoltas alrededor de la piscina, la casa y los vastos potreros que se extendían a partir de allí. La reacción tardía del presidente norteamericano a la expresión coloquial del mandatario colombiano se debió, porque tuvo que esperar que se la tradujeran al inglés.

—¡You are great Gustavo! —- dijo, cuando dejó de emitir su exagerada risotada.

—Je, je, je, je —- alcanzó a decir Petro.

Después, Trump volvió a comunicarles: “Today we are not for juices, we are going to drink whiskey with Petro (Hoy no estamos para jugos, vamos a beber wisky con Petro). Y los presidentes de la derecha asintieron sonrientes.

Más tarde, cuando Trump tenía la cara más colorada y Petro se veía con sus ojos a media asta, mientras los restantes presidentes continuaban mostrándose tensos y como disciplinados, a pesar de que tenían las orejas paradas por el wisky, Trump se echó un largo y estrepitoso pedo con resonancia, pero nauseabundo o hediondo.

Milei y Bukele estaban al lado de él, al igual que los demás. Petro estaba más lejano y sin embargo fue el único en protestar y dijo: “Trump, creo que te cagaste…je, je, je”. Los presidentes de la derecha miraron enseguida a Trump, esperando su reacción, esta vez con más preocupación y un deseo de que fuera ejemplar. 

Pero cuando el traductor detrás de él y quien fue el primero en tragarse el pedo, le interpretó lo que había dicho Petro, volvió a soltar su estruendosa carcajada, se levantó de la silla, se dirigió hasta donde estaba Petro y lo abrazó y le dijo:

“You have not shown me submission, but you have shown sincerity, which is what I want most. (No me has demostrado sumisión, pero sí sinceridad, que es lo que más quiero). Y Petro, con la botella de whisky en la mano, le contestó: “Ya veo por qué eres enemigo del medio ambiente”. Y entonces los demás presidentes, por primera ocasión, también se relajaron y dejaron escapar unas risotadas.

Pero cuando Trump los miró con rabia, volvieron a tensionarse y a la compostura que habían tenido desde que llegaron allí. Milei hasta agachó la cabeza de la pena y Trump después les manifestó: “Y'all are double-faced kneelers”, (Todos ustedes son unos arrodillados doble cara).

Ese día que de seguro nunca llegará, bebieron hasta el amanecer y cada uno durmió en su habitación con las puertas aseguradas, por si algún loco mercenario les disparaba a tres kilómetros de ahí.

FIN

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