La singular protesta de una madre a quien le mataron tres hijos
Por Álvaro Cotes Córdoba
Esta fue una de mis últimas crónicas escritas antes de salir de forma definitiva del último periódico donde laboré, El Informador. Se publicó el 20 de enero del año 2017, es decir, está próxima a cumplir 9 años. Aquí se las comparto de nuevo, para no dejar morir las crónicas, porque es el único género del periodismo que nos diferencia de los informadores que abundan a montones en las redes sociales:
Alma Leticia Mugno es una de las tantas madres que existen en el país con el sufrimiento eterno que deja la pérdida de un hijo por manos criminales. Sin embargo, ese dolor en ella se ha triplicado, pues ha padecido el asesinato de tres de sus cuatro descendientes.
No obstante, pese a ese profundo sufrimiento que se encarna en el alma como una herida abierta de nunca cicatrizar, ella también mantiene viva la esperanza de que algún día, mientras siga con vida, pueda ver el momento en que la justicia de su país logre, por fin, capturar a los que mataron a sus hijos.
Por eso, todos los días, de lunes a viernes, de 8:00 de la mañana a 12:00 del mediodía y de 2:00 a 6:00 de la tarde, durante casi un año, estuvo sentándose frente a la sede de la Fiscalía en su pueblo natal, el municipio de Fundación, solamente para esperar.
Aguardar a que alguien se arrimara a ella a darle la buena noticia de que los responsables de las muertes de sus tres hijos ya estaban entre las rejas. Pero por ese tiempo en el que estuvo haciendo lo mismo todos los días, desde la vez en que le mataron a su último hijo. de nombre Ignacio, durante esas ocasiones en que se sentó en ese mismo lugar a esperar, vio muchas veces cómo entraron y salieron los funcionarios del edificio de las oficinas de fiscales y del Cuerpo Técnico de Investigaciones que funcionan allí, sin que en ningún momento alguno de ellos se le acercara siquiera a decirle alguna noticia alentadora sobre la detención de los asesinos de sus tres hijos.
“Salían, me veían con caras perplejas, tal vez porque se asombraban de verme todavía ahí o a lo mejor porque creían que estaba loca y luego seguían su camino como si nada”, relató.
La señora Alma Leticia es una mujer de baja estatura, con 76 años de edad, de una contextura delgada y una piel trigueña oscurecida por el infernal sol y calor que hace en Fundación. Además, posee un carácter muy fuerte, como las que ya no nacen hoy en día en el mundo. Vive en el barrio Loma Fresca del municipio de Fundación y sus hijos se llamaban Jorge, Carlos e Ignacio. “Yo era buena, pero me han vuelto mala”, dijo finalmente, mostrándose a la humanidad como una madre que, pese a su decadente vida física y su eterno sufrimiento, por dentro aún se siente con un vigor y una sed de justicia terrenal, la que probablemente va a procurar continuar manteniendo viva por el resto de los días que le quedan mientras le llega el turno o la única oportunidad de encontrarse de nuevo con sus tres hijos.
Los asesinatos
El último crimen, ocurrió el pasado 7 de febrero del año inmediatamente anterior: Ignacio Gutiérrez Mugno, de 45 años, fue ultimado en momentos cuando departía con su esposa en el estadero La Gran Parada, en Fundación y en días de Carnaval. Según los registros de ese hecho de sangre, la víctima, como muchos otros en el estadero, bailaba y bebía en medio del jolgorio, entre el polvo y la música carnavalera, cuando de pronto llegó su asesino como parrillero de una moto, de la cual bajó después y le disparó varias veces a lo que lo ubicó entre el gentío, incluso, dicen que le volvió a disparar cuando cayó de bruces y ya sin vida sobre el suelo.
Su esposa, cuyo nombre se omite por su seguridad, de puro milagro salió ilesa de ese atentado criminal, pues era la única que se encontraba muy cerca de él cuando el matón a sueldo apareció disparándole de la nada. “Ni una sola bala de las que disparó el sicario alcanzó siquiera a rozarla”, señaló un perito policial de los que se encargaron en ese entonces e inicialmente del caso.
El homicidio se registró a eso de las 4:40 de la tarde, cuando la víctima disfrutaba del domingo de Carnaval en dicho establecimiento, y de repente, en medio de la multitud, se le acercó el individuo y quien llevaba un atuendo carnavalero o disfraz y, sin mediar palabras, le propinó inicialmente tres tiros en la cabeza. El estadero donde sucedió el hecho está ubicado en la calle 3, frente al Coliseo donde se realiza cada año la famosa feria ganadera de Fundación. Ignacio Gutiérrez Mugno residía en el barrio San Bernardo de esa misma localidad y se desempeñaba como prestamista.
Las muertes de sus otros dos hijos, Carlos y Jorge Gutiérrez Mugno, ocurrieron en el 2002 y 2009. El primero de los nombrados era trabajador de la Drummond y el segundo administraba un hotel en Fundación de nombre Real. A este último lo asesinaron arrojándole una granada en el hotel que administraba. No obstante, por ninguno de ellos, a pesar de que se enmarcan dentro del programa del Gobierno de Justicia y Paz, le han pagado un solo peso.
Sin resultados
Un año después, cuando se apresta a ordenar una misa en la parroquia del municipio por el primer aniversario de la muerte de su último hijo asesinado, el próximo 7 de febrero y tras hacer una pausa en su singular y silenciosa protesta, de la cual considera que pese a su esfuerzo no ha obtenido lo que deseaba, la señora Alma Leticia Mugno sigue aún con la creencia de que, algún día, así sea después de que muera o le toque “el turno de reencontrarse con sus hijos muertos”, la ciega y lenta justicia colombiana descubra por fin o al menos al autor material del último de sus tres hijos asesinados.
Mientras espera que eso ocurra, seguirá además alimentando a los pericos australianos que le quedaron de su hijo Jorge y a la única gallina viva de las 12 que heredó de Carlos.
Igualmente, a las hermosas matas de coral que mantiene tiernas e intactas en el patio de su casa, a una cuadra de la parroquia donde le harán la misa al último de sus hijos muertos.

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