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La Tรญa Petra no era bruja de escoba ni de caldero. Era una mujer flaca, de piel curtida por el sol y la sal, que vivรญa en una choza de caรฑa brava al borde de una ciรฉnaga. Decรญan que habรญa sido partera, que habรญa ayudado a nacer a medio pueblo, pero que una noche, cuando la luna se escondiรณ detrรกs de una nube negra, se le metiรณ el diablo por la boca y desde entonces volaba en forma de lechuza blanca.


El mรฉtodo de la ropa al revรฉs para atrapar brujas se lo inventรณ don Chepe el Mudo, que no era mudo de nacimiento sino de un susto que le dio la Tรญa Petra cuando era muchacho. 


Una madrugada, regresando de la pesca, la vio parada en la orilla de la ciรฉnaga, desnuda, con el pelo hasta los tobillos, cantando en una lengua que no era espaรฑol. Chepe corriรณ, se tropezรณ con una raรญz de mangle y se mordiรณ la lengua tan fuerte que se la cortรณ de un tajo. 


Desde entonces solo hablaba con las manos, pero con las manos explicรณ todo: la bruja no reconoce al hombre si va al revรฉs, porque su mirada estรก torcida como su alma. Asรญ que los pescadores se vestรญan con la ropa al revรฉs y de noche, en la oscuridad, para que ni la luna los viera. 


Se metรญan la camisa por la cabeza al revรฉs, los botones en la espalda, las mangas colgando como alas rotas. El pantalรณn lo subรญan por las piernas del lado del forro, las costuras raspando la piel. Y asรญ salรญan a la ciรฉnaga, remando en silencio, con la ropa al revรฉs y el miedo al derecho.


La รบltima noche del mes de octubre, cuando el viento silbaba como mujer llorona, saliรณ el joven Anselmo, hijo de don Chepe. Era valiente, o tonto, segรบn quien lo contara. No creรญa en brujas ni en ropa al revรฉs. “Eso son cuentos de viejo”, decรญa. Pero esa noche, por respeto a su padre, se puso la camisa al revรฉs. El pantalรณn no, porque le quedaba apretado y no quiso romperlo.


Remรณ hasta la boca de la ciรฉnaga, donde el agua dulce se mezcla con la salada y los peces se vuelven locos. Allรญ, entre los mangles, vio una luz. Una luz verde, como de luciรฉrnaga gigante. Se acercรณ, curioso. Y allรญ estaba la Tรญa Petra, sentada en una raรญz, peinando su pelo con un peine de carey. No era vieja ni joven, era como el tiempo detenido. Lo mirรณ con los ojos en la nuca, porque de frente no tenรญa.


Anselmo sintiรณ que se le aflojaban las piernas. Quiso gritar, pero la voz se le quedรณ en la garganta como un anzuelo. La bruja sonriรณ, y su sonrisa era un cuchillo. “Ven, muchacho”, dijo, “que te voy a contar un secreto”. Y Anselmo, sin saber cรณmo, se acercรณ. Porque la bruja no lo veรญa venir, pero รฉl sรญ la veรญa a ella.


Entonces pasรณ algo que nadie esperaba. Anselmo, con la camisa al revรฉs, dio un paso atrรกs. Y otro. Y otro. Hasta que tropezรณ con su propio remo. Cayรณ al agua, y el agua estaba frรญa como la muerte. La bruja se levantรณ, furiosa, porque el mรฉtodo funcionaba: no podรญa verlo. Dio un grito que hizo temblar los mangles, y se convirtiรณ en lechuza blanca. Volรณ sobre Anselmo, graznando, pero no lo tocรณ. Porque la ropa al revรฉs lo hacรญa invisible a sus ojos torcidos.


Anselmo nadรณ hasta la orilla, con el corazรณn latiรฉndole en la boca. Llegรณ a la playa temblando, empapado, con la camisa al revรฉs y el pantalรณn al derecho. Y desde entonces, nadie sale a pescar sin voltearse la ropa y menos el รบltimo dรญa del mes de octubre, incluyendo la noche, porque la bruja — dicen aรบn — sigue allรญ, en la ciรฉnaga, esperando. Y aunque no te vea venir, siempre puede verte ir.

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