El único: Un cuento costumbrista

Por Álvaro Cotes Córdoba 

A una parranda vallenata que se desarrollaba dentro de una casa en la capital de La Guajira, llegó una tarde un médico amigo a burlarse de los participantes de la reunión, por la similitud en común que tenía cada uno de ellos.

El Mico, Trabuco, Mocho Malo, Diente de Crispetas, Paturra y Cabeza de Marañón, eran los participantes de la parranda vallenata y el galeno los señaló con el dedo, en la medida en que les fue nombrando sus apodos. 

— Mejor dicho -– concluyó — Cada uno posee su apodo y yo soy el único aquí que no lo tiene — alardeó con mucho orgullo y honor.

— Cómo que no doctor — le contradijo uno de los presentes, cuyo nombre de pila era Rubén Cuello, apodado Diente de Crispeta, porque cuando hablaba o se sonreía, parecía que tuviera un montón de crispetas en la boca.

— Usted mismo se lo acaba de colocar doctor — le confirmó otro de la parranda de nombre Victor López y al que apodaban El Mico, por poseer la cara alargada hacia el frente.

— ¿Cuál es ese? — preguntó el profesional de la medicina, sorprendido y sonriendo.

— Como usted mismo lo dijo doctor, es el único que no tiene apodo, pues a partir de ahora lo vamos a llamar El Único — lo bautizó de una, Jairo Palacios, conocido también como Paturra, porque una vez se comió una vaca entera y a la cual llamaban Paturra.

Mocho Malo, de nombre Mario González y Trabuco, el primero por no tener una mano y el segundo por llamarse Carlos Escopeta, no participaron de la amena conversación entre sus amigos de la parranda y el doctor, debido a que se habían quedado fundidos por la pesada pea de tres pisos que poseían dentro de sus cuerpos. 

Desde ese día, al médico Jesús Salazar le empezaron a decir El Único y Cabeza de Marañón, este último remoquete derivado por un hundimiento que él padecía entre el inicio de su nariz y ojos y el cual le hacía ver la cabeza como la pepa de un Marañón, se encargaría de que aquella anécdota curiosa quedara para la posteridad, pues se convirtió en un infaltable chiste de las parrandas que siguieron haciendo por el resto de sus días y por los pueblos de la solanera península guajira. Y Cabeza de Marañón era el cuenta chiste exclusivo de esas típicas reuniones del folclor vallenatero.

FIN

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