El espíritu de un reportero
Por Álvaro Cotes Córdoba
Hace unos días hice una ronda por los juzgados, Fiscalía y Procuraduría de Santa Marta, para recordar viejos tiempos de cuando ejercí la reportería judicial por más de 30 años en la ciudad y me encontré con la sorpresa de que a esas entidades ya no llega ningún periodista a buscar noticias.
“Aquí no conocemos a ninguno”, me dijo un funcionario amigo, quien siempre me colaboró con informaciones oportunas sobre procesos, fallos y notificaciones judiciales en el edificio donde siempre han funcionado los juzgados. “Después de ustedes: Odín, Ramón Vásquez y tú Álvaro, aquí no llega nadie”, me ratificó, refiriéndose a los periodistas. Igual me confirmaron en la Fiscalía y la Procuraduría.
Eran otros tiempos, cuando se ejercía la verdadera reportería. Fueron muchos años cubriendo esas fuentes que, cuando uno llegaba a las mencionadas entidades, no había necesidad de preguntar por algún fallo o medida judicial. Por el contrario, nos llamaban y nos las daban de una, por la confianza que nos tenían y, además, porque nos conocían desde hacía muchos años.
Y eran verdaderas primicias, que conocíamos primero incluso que los abogados de las partes procesales de los casos. Ellos se enteraban de los estados de los procesos que defendían, cuando nosotros los publicábamos en los respectivos medios de comunicación que laborábamos. Era un periodismo nato, donde imperaba la competencia, la chiva, primicia o quien lo dijera primero. Mi mayor competencia, sin duda, era Ramón Vásquez, quien como yo, había cultivado unas fuentes fidedignas en esos entes judiciales y disciplinarios. Además, porque él trabajaba en un periódico, cuyo dueño no se resignaba a dejar su espíritu reporteril, pese a que ya era un empresario exitoso con un medio de comunicación cotizado.
Con Ramón, yo había laborado antes en el diario La Libertad de Barranquilla y sabía muy bien de su laboriosidad para escudriñar las noticias y cómo las redactaba de bien. Era muy bueno en el oficio. Varias veces me chivió y yo también lo hice, claro que a él le iba muy mal cuando yo lo chiviaba, por cuanto al dueño del periódico donde él trabajaba, le enfurecía que el periódico rival publicara la noticia primero. Y si no me creen, pregúntenle a él.
Hoy en día, en Santa Marta, los periodistas se enteran de un fallo judicial, una medida de la Fiscalía o una sanción disciplinaria de la Procuraduría, a través de los portales de esas entidades. Es decir, después de varios días. Ya no existe ese espíritu o voluntad de buscar la noticia, para decirla primero, un acto fundamental y primordial, para brindar credibilidad a los oyentes, lectores o espectadores. Sin duda, lo que hoy en día nos diferenciaría de los múltiples informadores que actualmente existen en las redes sociales.

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