Los políticos desechables de Colombia



Por Álvaro Cotes Córdoba 


Hoy ví una estrella fugaz en el cielo nocturno de Santa Marta y esa visión me inspiró este artículo. Y al final, cuando lo terminé, diez minutos después, concluí que no sólo resultó ser una premonición, sino también una cruda realidad: Estamos viviendo un fenómeno único y preocupante, que he bautizado con el nombre de: “los políticos desechables”.


Pero ¿quiénes son los políticos desechables? Son aquellos que, como camaleones, se adaptan a las exigencias del momento, utilizando el folclore y los espectáculos mediáticos en redes sociales como su principal herramienta de campaña. Con verdades a medias y promesas fugaces, su única meta parece ser la obtención de un buen sueldo y contratos jugosos, sin un compromiso real con el bienestar de la ciudadanía.


Me explico: La era digital ha transformado la política en un espectáculo. Hoy, la imagen y la popularidad en redes sociales pesan más que las propuestas sólidas. La figura del "influencer" ha trascendido su papel inicial en el entretenimiento, adentrándose en el ámbito político. Muchos de estos personajes, que inicialmente construyeron su fama a partir de contenidos ligeros y entretenimiento, han decidido incursionar en el mundo de la política, aprovechando la base de seguidores que han cultivado. 


Sin embargo, el resultado ha sido un desfile de personalidades que, aunque brillan intensamente en el ciberespacio, carecen de proyectos a largo plazo o de una visión clara para el país. Esos políticos desechables suelen presentarse con un discurso atractivo y promesas grandilocuentes, pero a menudo se desvanecen tan rápido como llegaron. Su presencia en la política es efímera, comparable a una estrella fugaz: Ilumina momentáneamente el firmamento político, pero su trayectoria es breve y, al final, dejan poco o nada en su estela. Una vez que el brillo se apaga, la decepción y el desencanto se instalan en la ciudadanía, que una vez más se siente traicionada por quienes prometieron cambio y renovación.


La falta de proyectos concretos y la superficialidad de sus propuestas han llevado a un descontento generalizado. Los ciudadanos, bombardeados por un flujo constante de información y ruido digital, se encuentran a menudo confundidos y decepcionados, incapaces de discernir entre lo genuino y lo efímero. La política, que debería ser un espacio de diálogo y construcción colectiva, se ha convertido en un mero espectáculo donde lo importante parece ser el número de "likes" y seguidores, más que el compromiso real con las necesidades del pueblo.


En ese sentido, es fundamental que la ciudadanía tome conciencia de la importancia de elegir a sus representantes no solo por su carisma o popularidad en redes, sino por su capacidad de generar cambios significativos y duraderos. La política no puede seguir siendo un escenario para "influencers" que, tras un breve paso por ella, se esfuman dejando un vacío en la gestión pública. La responsabilidad recae en cada uno de nosotros, para ser críticos e informarnos y exigir a quienes nos representan, que actúen con seriedad y compromiso hacia el futuro del país.


Estamos en Colombia en la era de los políticos desechables. Y por eso es hora de que prioricemos la calidad sobre la cantidad, el compromiso sobre el espectáculo, y la visión a largo plazo sobre la efimeridad. Solo así podremos construir un país más justo y equitativo, donde la política esté al servicio de todos y no de unos pocos que buscan brillar brevemente en el firmamento social.

Publicar un comentario

Publicar un comentario