El cumpleaños 500 de Santa Marta y su regalo prometido
Por Álvaro Cotes Córdoba
La solución al problema eterno del agua en Santa Marta, a un año de cumplir su aniversario número 500, tampoco se logrará y no podrá ser utilizado como el regalo prometido que todos sus habitantes e incluso los del país, esperaban que le dieran, así fuera un día antes de su cumpleaños.
Y es que, de nuevo, la culpa es de los políticos o malos dirigentes que ponen sus intereses personales y privados, por encima de la ciudad, en una demostración más de los mezquinos y egoístas que son, fueron y seguirán siendo con la urbe que les dio todo, no solo a ellos, sino también a sus padres, abuelos, hijos y continuará dándoles a sus nietos y tataranietos. Inclusive, no les importa dejarles a sus actuales y futuras proles la misma ciudad con su principal problema de siempre y todo por satisfacer sus presentes ambiciones políticas y de poder.
Está tan salada Santa Marta, como el mar que la baña, que cuando había comenzado a resurgir como el ave fénix y había recuperado hasta la empresa del acueducto y alcantarillado que le empeñaron a unos extranjeros por más de 30 años, volvieron los politiqueros de siempre a querer mandar en su quingentésima fiesta, para lo cual hasta se organizaron por primera vez e invirtieron lo que nunca gastaron en ella en toda su existencia, solo para ser los anfitriones de su quinto centenario. El argot popular costeño diría que compraron la fiesta, y algunos afirman que se gastaron 50 mil millones de pesos y otros más conscientes aseguran que no sólo invirtieron esa gran cantidad, sino que también hasta quedaron endeudados con gente de oscura reputación.
Esto último se pudo evidenciar recientemente, cuando el propio presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, publicó en su cuenta de X, unas fotos muy comprometedoras en las que Carlos Pinedo, quien funge hoy como alcalde de la ciudad, se ve abrazado con el jefe de la banda criminal que opera en la Sierra Nevada, antes de ser capturado por la Policía en Pereira, adonde había viajado, supuestamente a realizarse un cambio en su rostro.
Y para acabar de rematar, preciso en el año de la víspera de su gran onomástico, la ciudad alcanzó por primera ocasión en la historia de su eterno problema, la más grave y aguda crisis de la falta de agua, nunca antes registrada, tanto, que en numerosos sectores no llegó el preciado líquido por tres meses. Además, también por primera vez, en su recuperada y renovada empresa del acueducto, estalló lo que se denunció como un acto de corrupción por parte del encargado y enviado del gobierno nacional, que la maneja después de que el anterior gobierno nefasto del títere uribista, la intervino solo por su odio político hacia el que la recuperó para Santa Marta, el señor Carlos Caicedo, el mismo que también le recuperó a la ciudad su universidad, el mercado público, la oficina de los cobros de impuestos y su dignidad, la mayoría empeñados por los de las mismas calañas que regresaron, aparentemente, solo para dirigir la fiesta de los 500 años, supone uno, porque gastarse miles de millones de pesos, para estar en una fiesta, cuya cumplimentada no recibirá el regalo prometido, repito de nuevo: no presagia nada bueno.

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